El día que mis padres decidieron que yo ocupara un lugar en este mundo, pongamos que así fuera, salieron al patio, miraron las estrellas y la luna, se llenaron las manos de barro y mezclaron por partes iguales, creatividad, sensibilidad, romanticismo, pacifismo, optimismo, indecisión y algo de talento. Me inventaron una voz y una figura no necesariamente bellas. Después, me lanzaron a recorrer la vida como se derrama el vino en una mesa.
Y surgí en medio de este circo cotidiano, en que las fieras se disputan, la piadosa agonía de las flores y el sol, el oro, el agua y todo poder sobre la tierra. Y ahora intento escribir y contar sobre la vida. Estoy aquí, soy dueño de los siempres y los nuncas.
He sido la fabulosa ave Fénix en mis sueños de juventud, y he querido ser artista, aventurero, madre Teresa de Calcutta y ahora solo quiero ser gran amante y si no, labrador.
La vida es algo que todos cargamos en los ojos, que no pesa, que cada día despierta y se hace tiempo en puertas y ventanas, en cristales sonrientes y manos que se mueven al trabajo.
La vida es el saludo de cada mañana, es el olor a sol, el sabor a nube, el calor del cielo. La vida es uno mismo caminando por la vida.
La vida es la tranquilidad de un saludo, el agua fría de la ducha, la ropa con olor a fresco, la caricia de un recuerdo, la mirada limpia de un niño.
Todo esto es vida y no está lejos. Está tan en nosotros que a veces cansados, la confundimos con la rutina y nos deshacemos en angustias. Todo se logra con la vida cuando la sabemos en su verdadera medida.
La vida no va más allá ni más acá. Es un espacio infinito con millones de alternativas, pero yo solo deseo....una!
Yo sigo la vida tal como se me presenta, de la misma manera que seguiría el vuelo de un ave.
La sigo y no discuto!
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