domingo, 9 de agosto de 2009

Humildad

Una de las características de la verdadera humildad, es que no quiere hacerse notar. La humildad esta en el corazón, siempre detrás de los demás, tan recubierta que apenas reparamos en ella. El humilde no es un inútil o un tímido, o un ser insignificante, no es una sombra, es como un pequeño capullo de rosa, que cabe en el hueco de la mano, pero que lo perfuma todo. El humilde por más pequeño que parezca, lleva un potencial espiritual enorme que lo hace fuerte. Es la fuerza que el orgullo no perdona. El humilde solo necesita un peldaño para proyectarse y una ramita para empezar a florecer. El orgulloso en cambio, abriga sueños enormes, quiere puestos importantes, reñidos muchas veces con sus capacidades y sus méritos.
Mientras la vanidad se tambalea, la humildad deja sensación de equilibrio. La humildad habla como queriendo ocultar el talento, pero su brillantez nos ilumina. La vanidad por el contrario, habla para deslumbrar a todo el mundo pero todo queda oscurecido por su sombra.
La humildad es invisible, el hombre apenas la capta solo los más dotados de sensibilidad la perciben y no le quitan los ojos de encima.
Somos realmente infantiles, nos damos importancia por la más mínima expresión de genialidad, nos sentimos importantes sin darnos cuenta que eso es vanidad. Perdemos la perspectiva de las cosas, medimos mal nuestro talento, no nos conformamos y pensamos que no tenemos todo lo que merecemos y creemos que lo merecemos más que nadie.
Seamos realistas y situemonos en el lugar que nos corresponde, seamos conscientes de nuestras limitaciones, dejemos la prepotencia a un lado y no juzguemos a nuestros semejantes sin tener en cuenta que si juzgas a la gente no te queda tiempo para amarla.
No olvidemos que todo lo que florece en el árbol, es gracias a lo que no se ve, a lo que esta enterrado!

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